Migro
El lobo se fué para otro bosque.
3 Mayo 2006
30 Marzo 2006
16 Marzo 2006
Pues si, es luna llena pero las nubes cubren la ciudad. Afortunadamente soy un lobo recursivo y tengo otras lunas por las cuales aullar.
Por ejemplo, Encelado, una de las lunas de Saturno, donde hace poco la sonda Cassini halló pruebas que indican la posible presencia de agua líquida a pocos metros de su superficie. Un lugar interesante para visitar.

3 Marzo 2006
Hace un par de días descubrí en la lista de nuevas adquisiciones de la biblioteca de la Universidad un título al cual no me pude resistir: “Mitos Eróticos de Todo el Mundo” de Shahrukh Husain. Se trata de un hermoso libro que hasta ahora ha estado a la altura de la expectativa que su título genera. Me pareció digno de un post parte de la introducción:
“Me alegra saber que casi todas las demás personas que supieron de este libro se mostraron más que interesadas. Lo cual no es tan sorprendente, puesto que el amor es tan básico para el ser humano como la respiración y la realización sexual tan vital para la supervivencia y el bienestar como el alimento. Sin embargo, en algún momento apareció un tabú, sin anuncio previo y de forma inexplicable, que redujo esta indispensable e intensa energía a la categoría de mero vicio. Por desgracia, este miasma persiste. Sin embargo los textos de la antigüedad nos ofrecen un panorama de una actitud totalmente distinta.”
Y para terminar, un regalo:
Un hombre joven y una muchacha viajaban juntos, se enamoraron y dejaron el camino en busca de la dicha del placer. Se sintieron tan satisfechos que decidieron casarse. Tiempo después, durante una caceria, el hombre regresó al lugar donde se unieron por primera vez y allí descubrió una bella flor de hojas aromáticas. La llevo consigo para mostrarsela a su pueblo y les habló del descubrimiento. Ellos dijeron: “Cuando se seque, la fumaremos y la llamaremos ‘Donde nos unimos’”. Los ancianos de la tribu aseguran que, desde entonces, se fuma en los consejos para fomentar la paz y la amistad entre las tribus, puesto que el hombre y la mujer gozaron de una completa felicidad y armonía cuando se engendró la planta de tabaco.
27 Febrero 2006
… far, far away
Tal como Mulder, yo quiero creer, pero para mí la respuesta está mucho más lejos, y es aun más maravillosa.
Mi respuesta está en una estrella a 25, 80 o 150 años luz, y consiste en una antena de pragmático aspecto y dimensiones poco humanas. No es bella, pero lo que transmite sí lo es. Nos apunta y nos saluda, y sería una descortesía no escucharla.
Quiero ser parte del equipo que escuche el primer mensaje de una civilización extraterrestre, o del equipo que lo descifre, o del que responda. De hecho no me interesa ser el primero, solo quiero estar ahí, y hacer mi contribución.
Yo quiero creer que están allá afuera, muy lejos pero con ganas de conversar. No tengo idea de su aspecto, quizás sean enormes seres de cientos de metros de largo, con miles de hábiles tentáculos bajo su cuerpo, provenientes de un planeta enteramente cubierto de agua; o quizás sean una inteligencia colectiva conformada por millones de pequeñas criaturas de diversas formas y especialidades. De hecho cualquier intento de imaginarlos solo puede ser burdo y fútil, ante la fuerza arrolladora de la vida, el azar y la evolución.
Por eso me parece una estupidez (o una triste falta de imaginación) creer que en verdad los extraterrestres pueden tener una forma tan común como los mitos de ovnis y abducciones nos cuentan: dos piernas, dos brazos, dos ojos, una nariz, una boca. Por dios, solo en nuestro planeta el número de extremidades de los seres vivos fluctúa entre cero y varios cientos, al igual que el número de ojos. No hay forma de imaginar qué increíbles caminos habrá tomado la evolución en un planeta totalmente distinto al nuestro.
Yo escojo la vía de la ciencia para buscarlos, y por eso aunque quiero no puedo creer. La ciencia no cree, solo busca, y acepta que es posible que existan. Por eso lo único que puedo asegurar es que en verdad La Verdad Está Allá Afuera.
15 Febrero 2006
Se acerca el tiempo de elecciones en Colombia, así que vale la pena empezar a pensar un poco sobre el tema. Este test, y la página de la que salió, están geniales. (Sobre la misma, aquí)
A decir verdad, la primera vez que hice el test quedé un poco más abajo en la escala de permisividad económica y clasifiqué como Demócrata. Al parecer de ayer a hoy mis ideas se inclinaron ligeramente hacia el capitalismo. Quizás por tanto pensar en epa!...
(Si no sabes qué diablos es epa!, no te preocupes, algún día todos lo sabrán, buhuhuhuha! (si el plan de negocios sale bien...))
| You are a Social Liberal (81% permissive) and an... Economic Conservative (66% permissive) You are best described as a:
Link: The Politics Test on Ok Cupid |
12 Diciembre 2005
Le tengo miedo a la vejez. Mucho miedo. No se trata de la cercanía del gran interrogante que es la muerte, o la perdida de la preciada juventud. Le temo a esa vejez que te roba la propia esencia de tu ser y te deja reducido a una vida nominal. Le temo a dejar de ser lo que soy, o peor aun, continuar siendo pero estando atrapado en un cuerpo que ya no me pertenezca, y que se niegue a dejar de vivir.
Le temo a que la demencia senil me sumerja permanentemente en un mundo de sueños y pesadillas, a que el mal de Alzheimer me quite la memoria de corto plazo y así la posibilidad de aprender algo nuevo cada día, a que el mal de Parkinson y sus incontrolables temblores le roben la habilidad a mis manos que son la llave de mi mundo de magia y tecnología.
Le temo también a que mi mente continúe lucida y funcionando, prisionera de un cuerpo cuyos ojos ya no tengan luz para leer, sus oídos se encuentren cerrados para la música, y que haya perdido la habilidad básica de caminar. Le temo a la perdida de la dignidad que implica el que no pueda ir al baño sin asistencia, le temo a que mis funciones dependan de algún terrible cóctel de fármacos, y que haya alguien ahí que impida que deje de tomarlos.
Hace poco hablaba con un amigo acerca de estos temores. Le conté de dónde surgieron (tengo referentes muy cercanos), y de lo intensamente emocionales que se volvieron algunas de mis reflexiones al respecto. Es posible que lo haya dejado algo inquieto con la charla, en especial cuando le mencioné que mi determinación era hacer lo que fuera necesario para que mi temor no se hiciera realidad. Creo que es un derecho básico, y un deber en ocasiones, el poder decidir cuando la propia vida debe llegar a su fin. Y quiero que mi vida termine mientras aun soy yo, mientras aun estoy aquí. Sin embargo es una apuesta extremadamente difícil. Quiero esperar hasta el último momento antes de tener que tomar una decisión, pues me encanta vivir, pero si espero demasiado podría perder la capacidad de llevarla a cabo. Por su parte mi amigo me dijo - y sabias fueron sus palabras - que esperaba que nunca tuviera que decidir al respecto.
Por supuesto, es posible que mi vida llegue precipitadamente a su fin, antes de que comience a cambiar (naturalmente) el color de mi pelo y antes de que pueda empezar a preocuparme seriamente por la cuestión, quizás un día en que olvide que hay que mirar a ambos lados antes de cruzar la calle, incluso si la calle es de una sola vía. Pero el deseo en realidad reside en el hecho de que hay formas hermosas de envejecer.
Este post tiene su origen en un escrito que hace parte de un artículo titulado “Lo que me duele a mi edad”. Quien escribe es Álvaro Castaño Castillo, famoso (relativamente) por ser el fundador (en 1950) y director de la emisora HJCK, la más antigua emisora que aun sobrevive en Colombia, retirada hace poco de las ondas radiales para ser emitida exclusivamente por Internet (proyecto que también dirige Álvaro Castaño). Y escribe con propiedad, y una visible sonrisa (visible en la foto que se hace visible en la página 224 de SoHo, 68), acerca de sus 85 años. Ese es mi deseo, vivir mis 85 años sintiéndome libre y sintiéndome útil, creando y construyendo, amando y siendo amado.
17 Noviembre 2005
La respuesta es importante desde muchos puntos de vista. Por ejemplo, para aquellos enamorados galanes que le dicen a sus respectivas amadas algo así como: “¡Mi amor por ti es tan grande como el Universo!”, entonces esas amadas tendrán una medida más o menos precisa de cuanto significa eso, y podrán decidir si esa cifra llena o no sus expectativas.
Pues sí, el Universo tiene 156 mil millones de años luz de diámetro, millones más, millones menos (la cifra salió de aquí) , o sea 1.475.760.000.000.000.000.000.000.000 kilómetros.
Eso es mucho espacio, y diría que en él cabe de todo, incluyendo otras formas de vida, e inteligencia.
Y, por supuesto, muchos ángeles…
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