A propósito de la blasfemia
Como hacen todos los escritores (cosa que en algunas ocasiones he clamado ser), tomaré prestadas sin permiso algunas palabras de otro escritor que ha dicho mucho mejor lo que yo quiero decir. Del Elogio De La Herejía de Eduardo Arias.
Pero lo que en realidad me atrae de la herejía es el significado mismo de la palabra. El hereje es aquel que está o vive en el error. Y estar o vivir en el error es no comulgar con una verdad absoluta o estar en contra de ella. El que duda. El que piensa que existen probabilidades, diversidad de puntos de vista. En fin, el cuento aquel de los sistemas de referencia de la Relatividad Especial, el principio de incertidumbre...
Una de las ventajas de ser hereje es que uno no tiene que jugarse el baloto de la salvación eterna. La prédica, por ejemplo, de un adventista del séptimo día, dice: "Nosotros somos la Verdad y el resto es el Anticristo". El mismo discurso lo repite un Testigo de Jehová. Y como solo dentro del cristianismo existen tantas Verdades Absolutas juntas y simultáneas que proclaman en un coro cacofónico que el resto es el Anticristo, pues atinarle a la Salvación Eterna es una verdadera lotería. En el hipotético caso de que exista la Salvación y el Fuego Eterno, obvio. (…)
Sencillamente este es un mundo tan complejo que lo único a mano son infinidad de modelos que permiten interpretar la realidad. Pero de ahí a que cualquier modelo de esos -llámese ciencia, macroeconomía, religión o lo que sea- sea La Verdad...Vivir en el error, es decir, no matricularse con ninguna verdad absoluta, no es otra cosa que dudar. Y cuando uno duda aprende a escuchar un poco más a los demás. Y, de paso, le ahorra al mundo cuatro cruzadas, el exterminio de las civilizaciones precolombinas y dos guerras mundiales, entre muchas otras cosas.
Por eso es tan bacano ser hereje.


en ángel preguntón dijo
Vaya con tus basfemias... ¿puede que no creas en nosotros entonces?
17 Noviembre 2005 | 12:03