The Truth is Out There... but
… far, far away
Tal como Mulder, yo quiero creer, pero para mí la respuesta está mucho más lejos, y es aun más maravillosa.
Mi respuesta está en una estrella a 25, 80 o 150 años luz, y consiste en una antena de pragmático aspecto y dimensiones poco humanas. No es bella, pero lo que transmite sí lo es. Nos apunta y nos saluda, y sería una descortesía no escucharla.
Quiero ser parte del equipo que escuche el primer mensaje de una civilización extraterrestre, o del equipo que lo descifre, o del que responda. De hecho no me interesa ser el primero, solo quiero estar ahí, y hacer mi contribución.
Yo quiero creer que están allá afuera, muy lejos pero con ganas de conversar. No tengo idea de su aspecto, quizás sean enormes seres de cientos de metros de largo, con miles de hábiles tentáculos bajo su cuerpo, provenientes de un planeta enteramente cubierto de agua; o quizás sean una inteligencia colectiva conformada por millones de pequeñas criaturas de diversas formas y especialidades. De hecho cualquier intento de imaginarlos solo puede ser burdo y fútil, ante la fuerza arrolladora de la vida, el azar y la evolución.
Por eso me parece una estupidez (o una triste falta de imaginación) creer que en verdad los extraterrestres pueden tener una forma tan común como los mitos de ovnis y abducciones nos cuentan: dos piernas, dos brazos, dos ojos, una nariz, una boca. Por dios, solo en nuestro planeta el número de extremidades de los seres vivos fluctúa entre cero y varios cientos, al igual que el número de ojos. No hay forma de imaginar qué increíbles caminos habrá tomado la evolución en un planeta totalmente distinto al nuestro.
Yo escojo la vía de la ciencia para buscarlos, y por eso aunque quiero no puedo creer. La ciencia no cree, solo busca, y acepta que es posible que existan. Por eso lo único que puedo asegurar es que en verdad La Verdad Está Allá Afuera.

